Paseo tras el diluvio.

La naturaleza, cuando se enfada, nos saca los colores a todos, y todo lo tiñe del color que ella quiera. Nos pone los pies sobre la tierra y nos dice: si miserias sembráis, miserias recogeréis.

Hace poco asistimos perplejos al desastre del Volcán de Fuego, en la maravillosa tierra guatemalteca. Pobre gente, no les dio tiempo ni a ponerse a salvo. Tuvo que ser horrible para los heridos y fallecidos, y está siendo horrible para sus familias.

Yo tengo la suerte de amar la naturaleza y de saber disfrutar de su belleza. Pienso que no la respetamos como se debe, tristemente otros muchos no la aman y desprecian su belleza, quiero creer que por ignorancia. De vez en cuando, sobre todo los más humildes, pagan un alto precio por nuestra osadía.

No solo está demostrado para las mentes científicas especialistas en la materia, el cambio climático. También nosotros mismos lo estamos viendo con nuestros propios ojos, sobre todo los que ya pasamos de la media centuria.

Ya nos está alcanzando, a los afortunados que vivimos en lo que llamamos primer mundo, aunque lo de “primer”, digamos que es solo en bienestar; aunque rotundamente no por sensatez, sentido común, solidaridad o sencillamente, por lo que en España llamamos, vergüenza torera.

Llevamos unos días de copiosas lluvias, inusuales para la época del año aquí en Asturias, tierra más que acostumbrada al líquido elemento, y se nos inunda todo poniendo en jaque las infraestructuras.

Me pregunto yo cómo serán las tragedias provocadas por penalidades con una virulencia exponencial, como ciclones, huracanes o terremotos, en países con pocos o casi ningún recurso de países de Centro América, África o Asia; cuando vemos atónitos como echan a bajo infraestructuras de países como las de los Estados Unidos o Japón.

Da que pensar.

Ayer me di un paseo y pude comprobar como estaba nuestra querida playa gijonesa de San Lorenzo, y la verdad es que casi nos quedamos sin ella.

Manchada por nuestra mierda, que sale a flote de alcantarillados de “primer mundo”. De un puerto irreverente, lleno de carbón al aire libre y sin control, que con un simple bostezo de los elementos pone en evidencia.

Aún a sí subyace su belleza que muchas veces obviamos y damos por hecho de nuestra propiedad.

Os dejo con unas modestas fotos de móvil que muestra perfectamente lo que para mí, a pesar de los pesares, es y será siempre más hermosa bahía del mundo mundial.

Un regalo para todos los que tenemos el privilegio de vivir en Gijón.

Seguro que en unos días, estará dispuesta hacernos disfrutar, como en la foto de portada.

 

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Maximenendez

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2 comentarios en “Paseo tras el diluvio.

  1. Yo creo que somos tan egoístas que pensamos que “los que vengan detrás, que arreen” y no cuidamos la belleza que nos rodea, sin pensar que la tierra es nuestra casa y es nuestra herencia para los que vienen detrás
    No me extraña que la tierra se enfade y nos mande terremotos, huracanes e inundaciones. Supongo que solo nos da un toque de atención
    Espectaculares las fotos. Sobre todo la primera, me encanta con el claroscuro del atardecer. Gracias.
    Un abrazo.

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