El barquero, la renuncia y la virtud del amor.

 

La virtud de la empatía, es un esfuerzo constante, resultado de la educación en la autorreflexión y el amor.

 

Parte 1ª

En un pueblo, a la orilla de un rio en la India, vivía Anjay con sus dos hijos, Yamir y Ravi.

Eran muy pobres y huérfanos de madre, vivían con su padre, que cultivaba una pequeña huerta, mantenía unas cuantas cabras y un burro que usaba para la labranza y como animal de tiro.

También poseían una pequeña barca que con la cual pasaban la gente de un lado a otro del rio, ya que el puente más cercano estaba lejos, allá en la capital.

Anjay, solía ir al mercado con su pequeño carro un par de veces por semana a vender sus hortalizas, leche y algo de shrikhand. Unas cuantas rupias complementaban la economía familiar con el ir y venir de la barca, que los dos hermanos se ocupaban de gestionar desde la muerte de su madre.

En una preciosa casa, en la otra orilla, vivía Mishka, una niña muy hermosa. Era tal su belleza que pretendientes de todos los lugares acudían a las numerosas galas que sus padres organizaban en su mansión.

También a las fiestas del pueblo, que se celebraban en Abril, acudían jóvenes animados por los rumores que corrían acerca de su belleza incomparable.

Pasó en tiempo y pronto se convirtió en una joven plena de encanto y llena de inquietudes. Ella gustaba de leer los centenares de libros que poseían sus padres, también grandes amantes de la música y los asuntos filosóficos. Eran personas muy respetadas por su rectitud y honestidad. Ellos siempre animaron a su hija a desarrollar su talento, y eso hizo.

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Pero Mishka no era feliz, se sentía mal al intuir que solo la miraban por su belleza. Necesitaba hablar, y ser escuchada y respetada, porque su belleza interior, era el mayor de los tesoros que guardaba.

Sus temores se iban confirmando, pues los jóvenes más apuestos y pudientes de la región la cortejaban sin ni siquiera conocerla. Ella no encontraba a nadie que estuviera a la altura de sus aspiraciones, alguien que le interesaran sus inquietudes, sus sueños y toda la riqueza que albergaba en su corazón y su intelecto.

Todo quedaba eclipsado por su hermosura exterior, que brillaba cegadoramente para aquellos que la pretendían.

Tras acabar los estudios primarios, los cuales le impartían sus propios padres en su casa, empezó los estudios superiores en la capital.

Pasaba todos los días en la barca de los hermanos para ir al pueblo y tomar el tren que la llevaba a la ciudad, para asistir a sus clases en la Escuela Superior por las mañanas y a la tarde cuando volvía.

Siempre llevaba un Sari que cubría su cabeza y ocultaba buena parte de su bello rostro y su cuerpo.

Muchas veces, por las tardes hablaba con los dos hermanos en el viaje de vuelta, al ya no tener prisa para tomar el tren.

Con el tiempo, se hizo muy amiga de ambos y los viajes de vuelta eran lo mejor del día. Ellos la escuchaban contar sus historias y las novedades que acontecían en la ciudad. Y poco a poco se fueron haciendo amigos.

Una mañana, el padre de Mishka le dijo que ese día la irían a buscar en un coche para llevarla a la ciudad. Le contó que el padre de los barqueros había fallecido, según decían, por la picadura de una cobra. Ella triste, a duras penas obedeció.

Al cabo de unos días su padre le dijo que la barca ya estaba funcionando y que ya podía volver a tomar el tren. Eso la alegró mucho.

Cuando llegó se encontró solo a Ravi en la barca.

—Siento mucho lo de tu padre Ravi —dijo ella compungida.

—Gracias Mishka, fue de repente, no sufrió —respondió él.

—¿Pero no fue porque le picó una cobra? —preguntó ella sorprendida.

—¡Qué va!, estaba muy enfermo del corazón, solo era cuestión de tiempo —respondió Ravi mostrando una tímida sonrisa.

—Lo que cuenta la gente… —contestó ella con gesto contrariado.

El joven le contó que Yamir se había quedado al cuidado de la casa y retomaría los quehaceres de su padre, ya que era el mayor; se ocuparía de los asuntos de la huerta, las cabras y el mercado. Él se las arreglaría solo con el negocio de la barca.

Entonces ella emocionada se quitó del cuello un amuleto que llevaba y delicadamente, lo colgó en el cuello del joven y con una de sus manos, agarrando su cabeza le besó en la mejilla. El chico se sorprendió tanto que levantándose de golpe estuvo a punto de caer por la borda. Ella se rio y él remó lo más rápido que pudo hasta la otra orilla sin hablar palabra.

—Hasta la tarde Ravi —dijo ella despidiéndose.

—Gracias, hasta la tarde —contestó él.

 

Parte 2ª

Así pasaron las semanas y las conversaciones se fueron prodigando cada día, Ravi escuchaba hablar a Mishka con devoción. Ella le hablaba cada día de todo lo que había aprendido en la escuela de la capital; literatura, filosofía, historia. Cada día remaba más despacio y los desembarcos se hacían cada vez más de rogar.

Mishka y Anjay eran ya buenos amigos. A ella le encantaba contar sus peripecias y él era feliz escuchándola. Algunas veces hablaba Ravi de su vida en el pueblo, su relación con su hermano y los recuerdos que tenía de sus padres. Anjay les había enseñado a leer sánscrito y los principios del budismo y del hinduismo.

Sin darse cuenta llegó el verano y con ello las vacaciones. Cada día Mishka se acercaba al rio a última hora para ver a Ravi.

Poco a poco empezaron ambos a darse cuenta que algo había despertado en ellos. Ravi gozaba con su mera presencia y Mishka percibió por primera vez, su corazón palpitar como nunca lo había sentido.

Tanto los padres de Mishka como el hermano Yamir, no sospechaban la profunda amistad que se había forjado entre ellos, y lo que entre ellos estaba empezando a nacer, el amor.

Tras una jornadada lluviosa, Mishka, faltó a la cita. Él no le dio mucha importancia algunas otras veces había ocurrido, pero al día siguiente tampoco acudió.

Pasada una semana preocupado se lo contó a Yamir. También le confesó a su hermano todo a cerca de su furtiva relación con la joven, confesando sus sentimientos hacia ella y lo que había sucedido desde que había fallecido su padre y se ocupaba de la barca. Las largas veladas que pasaban juntos que le había regalado un colgante y que hasta le había dado un beso en la mejilla.

Su hermano le escuchó pacientemente.

—He escuchado ayer en el pueblo que la chica va a casar —le dijo Yamir

—Al parecer con el hijo de un rico terrateniente amigo de su padre, han acordado el matrimonio de su hijo con Mishka, lo he escuchado en el mercado, —añadió.

—¡Cómo como puede ser, ella me lo habría dicho, me lo hubiera contado!, —dijo sorprendido Ravi.

—Esas cosas ocurren rápido, de un día para otro. Y seguro que no tendrá opción hermano.

—¿Tu le confesaste alguna vez lo que sentías pr ella? —Preguntó Yamir.

—¡Claro que no! —contestó él—, que iban a importarle a ella mis sentimientos, los de un pobre barquero, sin nada más que una barca y un puñado de cabras. Ella tendría que renunciar a su familia, porque seguro que a mi no me querrían. También a sus riquezas y posesiones, y a la próspera vida que le ofrecería el hijo del rico terrateniente, ¿Qué le puedo ofrecer yo más que shrikhand, cebollas y patatas?.

Entonces Yamir recostándose en su esterilla de esparto y metiendo sus manos entre sus piernas tomó la palabra.

—Hermano, tú eres lo único que tengo en este mundo, tú tendrías que renunciar a muchas cosas también. Quizá, a mi no me querrías en tu vida, y yo me quedaría solo. No tendría a nadie con quien hablar, ni quien me ayudara a salir adelante. Ponte en mi lugar. Pero tu vida es tu vida.

Ravi se echó a llorar y abrazó a su hermano.

—No te lamentes, coge la barca y mira a ver si aún sigue allí. Habla con ella y cuéntale lo profundo de tus sentimientos. Si ella es para ti, renunciará a todo, sea lo que fuera. Si no, tu corazón seguirá latiendo y tu vida continuará y pronto encontrará la serenidad.

Entonces el joven Ravi se levantó de un salto y corrió hacia el río. El sol rompía ya en el horizonte. Remó rápido y caminó en dirección a la mansión.

Estando ya muy cerca, sintió ruido y se ocultó detrás de unos arbustos. Entonces escuchó el ruido del motor de un coche  y una de conversación de gente. Asomando la cabeza con cuidado, pudo ver a los padres de Mishka hablando con unos desconocidos, hasta que apareció ella. Iba al lado del que debía de ser su futuro marido, un hombre muy alto y bien parecido, y por su atavío, debía de tratarse de un sij. Ella lucía un hermoso vestido púrpura. Llevaba el pelo suelto, luciendo plenamente su rostro, luego colocó un hermoso pañuelo de seda azul sobre sus hombros.

Se estaba despidiendo de sus padres.

—Gracias por la fiesta, ha sido todo muy hermoso —dijeron casi al unísono los que debían ser los padres del novio.

—Nos veremos entonces en Chandigarth para la ceremonia —contestó su padre.

Efectivamente, se iban a casar.

Ravi, al ver la escena, corrió lejos y a la orilla del río, bajo una gran higuera, dejó caer su cuerpo y lloró sin consuelo hasta bien entrada la mañana.

 

Parte 3ª

Después de lavarse la cara en la orilla para limpiarse las lágrimas y refrescarse un poco, se dirigió a su barca.

Al otro lado de la orilla pudo ver a un extraño hombre, como esperando a que fuera atendido por el barquero. Él remo hasta la otra orilla y el hombre subió a bordo. Era un hombre muy anciano, con la cabeza rapada y unas gafas de cristal oscuro, iba descalzo, con el cuerpo desnudo y solo portaba un plumero a modo de espantamoscas, ¡Se trataba de un jainista!

—Buenos días hijo, bendito seas —dijo el anciano.

—Buenos, bendito sea señor—contestó Ravi —¿Hacia dónde se dirige?

—En realidad no voy a ningún lado, caminaba por la otra orilla y te vi postrado. Me pareció que te había ocurrido algo malo, pero luego pude ver que estabas solo llorando amargamente, seguro que por alguna pena del alma. Entonces me quedé observándote y cuando te incorporaste, quise saber qué te ocurría y si yo podría ayudarte en algo.

—Bueno, tiene usted razón señor —asintió Ravi

—Entonces no vayamos a ningún lado, paseemos de una orilla a otra y hablemos, así no tendrás de dejar tu negocio desatendido —contestó con voz serena el anciano.

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Y así pasaron el día juntos. Ravi contó su historia desde que perdió a su madre cuando era aún muy niño hasta el suceso acontecido esa mañana. En uno de los viajes, Anjay se acercó a su casa a por un poco de agua y unas naranjas, y comieron un poco. El hombre santo le escuchaba atentamente y no interrumpió al joven en ningún momento salvo para asentir. Y así estuvieron hasta la caída del sol.

Al acabar Ravi de hablar y tras un prolongado silencio, habló el anciano.

— Tú eres quien eres, y solo serás esa persona el resto de esta vida; prosperaras o no, pero lo que sí harás es vivir. Quizá te reencarnes algún día en otro ser, pero no volverás a pasar por el mismo camino nunca. Quizá dentro de muchos años seas un gran hombre poderoso, pero seguirás siendo tú. Igualmente hagas lo que hagas, y allá donde vayas, seguirás siendo tú. Tu vida es valiosa tanto o más que cualquier otro ser que habite este mundo. Así que no pienses en lo que ella estría dispuesta a renunciar. No por tener grandes riquezas, posesiones y estatus se la puede privar de la libertad y el derecho de renunciar a todo, si ella así lo decidiera. Tú lo estás haciendo con tu renuncia, ponte en su lugar.

Entonces, Ravi invitó al hombre a pasar la noche en su casa, a lo que el accedió.

Una vez allí, le presentó al su hermano y le ofrecieron unas verduras hervidas y un poco de leche de cabra. Pero declinó.

—Estoy muy cansado hijos, os agradezco vuestra hospitalidad, pero no tengo apetito, solo un poco de sueño, mañana al alba hablaremos y después retomaré mi viaje —asintió el anciano entre bostezos.

Y así fue, poco después se acostaron todos a descansar.

A la mañana siguiente Ravi despertó sobresaltado y confuso. A su lado estaba su hermano.

—¿Qué tal estás hermano mío?, tranquilo, ha sido solo una pesadilla, ya ha pasado —dijo Yamir.

—¿Una pesadilla?, ¿dónde está el jainista?.

—Has tenido una pesadilla Ravi, no sé de qué jainista me hablas, ha sido un mal sueño. Ayer llegaste y sin mediar palabra caíste rendido en tu charpai. No paraste de hablar sin sentido toda la noche. Yo supuse que te habría sentado algo mal.

Ravi se incorporó y no podía creerlo, la experiencia con el jainista había sido un sueño. Luego le contó lo sucedido en la casa de Mishka.

—Te recuperas como te dije Ravi, tu corazón sigue latiendo, ¿no?, pues sigue tu camino y el tiempo hará su labor curativa —le susurró Yamir con voz cariñosa.

Pasaron días y no podía quitárselo de la cabeza, mas el sufrimiento que le atravesaba por Mishka, permanecía intacto, iban ambas cosas de la mano.

Una tarde, cuando el sol ya se había puesto, Anjay estaba recogiendo para ir a casa tras la jornada en el río, con la poca luz que quedaba pudo ver a un hombre a la otra orilla, parecía estar esperando por su servicio, le hizo gestos y él respondió. A regañadientes volvió a montar en la barca y empezó a remar, escasos diez minutos le llevaba alcanzar la otra orilla.

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Cuando iba llegando, giró la cabeza hacia atrás y se sobresaltó al comprobar que el hombre que le esperaba era ¡El padre de Mishka!, El contuvo la respiración intentando actuar como si no le conociera.

—Buenas tardes señor, ya casi había me iba a ir, le vi de casualidad —le dijo Ravi

—Gracias hijo, yo la verdad es que esperé al final cuando ya fueras a recoger  —contestó el hombre.

Anjay se quedó confuso y en silencio, sin saber que decir, y empezó a remar.

—En realidad, solo quería hablar contigo —dijo el hombre.

—¿A sí? —contesto Ravi.

—Si hijo, puedes estar tranquilo y dejar de aparentar no saber quien soy —le dijo el hombre.

En ese momento Ravi, se quedó sin habla, no podía articular palabra y remaba cáda vez más rápido, sintiendo querer completar el recorrido y desaparecer.

—Mi nombre es Hitesh, soy el padre de Mishka. Tu lo sabes. Estate tranquilo y si puedes paseemos un poco, hoy hay poca corriente, intenta remar rio arriba para hablar si no tienes inconveniente.

—Si señor, lo que usted diga —contestó Ravi con voz temblorosa.

Entonces Hitesh empezó a hablar:

—Acabo de llegar de viaje, he estado visitando a mi hija en Chandigarth. Como ya sabes tenemos preparada su boda con un buen hombre, un sij de buena familia y mejor reputación. Mas me he visto en la obligación de ir a advertirles de los nuevos acontecimientos, ya que es obligación de un padre velar por el bienestar de su única hija.

—No entiendo señor lo que me quiere decir, que puede tener todo eso que ver conmigo. Yo solo la conozco de pasarla de una orilla a otra y de cruzar unas pocas palabras con ella —contestó Ravi con gesto esquivo.

—Hijo, yo intento ponerme en tu lugar y estoy seguro de que habría actuado de igual forma. No tienes por qué lamentarte de actuar como hiciste, en el fondo, antepusiste la razón, al corazón y ayudado por el miedo, renunciaste al apego mundano más grande e irrevocable, que es el amor. Pero al hacerlo, no fuiste consciente de que con tu enjundioso comportamiento, privaste a otra persona de su derecho a la renuncia de cosas más vanas, como son los bienes materiales y afectos baladíes, y con ello poder alcanzar a la felicidad del amor verdadero.

—Señor, yo soy un pobre barquero, no tengo lo que ve, y poco más, Mishka se merece mucho más, quizá el sij la haga feliz con el tiempo, de mi se habrá olvidado ya —contestó Ravi.

Entonces Hitesh, guardó un largo silencio mirando a los ojos de Ravi, después se sonrió inspiró profundamente y continuó hablando.

—Anjay, tú estás más cerca de obtener la verdadera liberación que yo y la mayoría de la gente. No tienes grandes bienes materiales a los que renunciar. Pero posees la virtud. Mi hija llegará mañana en el tren de las diez; ve a buscarla si de verdad la quieres, ella ya ha decidido. Todos hemos decidido.

—¿Tú que decides? —preguntó Hitesh con gesto grave.

Entonces Ravi se quedó mirando al hombre en silencio. Después giró la barca para retornar rio a bajo. Ya se había hecho de noche y solo se veía gracias a la luna casi llena que brillaba en el cielo. A lo lejos solo se oteaba el perfil del templo bajo la clara luz de la luna y entre algunas luces que servían de guía para alcanzar los embarcaderos.

Cuando Hitesh procedió a bajarse en su lado de la orilla, el joven rompió su silencio.

—Señor, ¿Cómo puede usted saber todo lo que sabe acerca de mí?, a nadie le he contado nada salvo a mi hermano, y estoy seguro de que él nunca le habría dicho nada.

Entonces Hitesh se echó a reír.

—Querido joven, yo al principio pensaba que se trataba de un loco, pero ha acertado tanto en el momento, el lugar y las palabras exactas que me dirías al despedirnos en el día de hoy. Ahora estoy completamente seguro de haber obrado de forma correcta —contestó dándose la vuelta al pie de embarcadero.

—Pero, ¿De quien me habla señor? —pregunto Ravi.

Entonces Hitesh lanzó una sincera carcajada.

—¡Pues de nuestro amigo Ravi, nuestro amigo el jainista! — respondió Hitesh entre risas.

Luego se volvió, subió las escaleras y moviendo la cabeza de un lado a otro se perdió en la oscuridad de la noche.

 

Fotos, aforismo  y cuento:

Maximenendez

 

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