Bonito, un sueño ligero.

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¡Qué bonito es soñar bonito! Y muy distinto a soñar con bonito, vamos con el del verano, con el que se pesca en el Mar del Norte y está tan bueno.

Aunque también puede ser bonito soñar con bonito, ¿Por qué no?.

Imagínate en un pequeño pueblo costero una tarde de verano, al atardecer, después de pasar unas horas en la playa y haberte dado varios baños en la mar. Llegas rendido a casa, te duchas y te tumbas un poco en la terraza fumando un cigarrillo. No has comido más que un plátano a media mañana y poco a poco te vas relajando plácidamente, cada vez te sientes mejor, en la gloria.

Entonces empiezas a sentirte hambriento, pero muerto de hambre. En ese instante empieza a llega de la calle el típico aroma de bonito a la parrilla, ese olor que con su sola insinuación provoca que se te haga la boca agua. ¡Oh! Qué rico y que jugoso debe estar. Entonces te levantas y sales a investigar.

Caminas y caminas hasta salir de tu pequeño pueblo guiado por el aroma que se vuelve más y más intenso; endorfinas empiezan a circular por todo tu cuerpo. Ya te imaginas sentado en una gran mesa, con una buena rodaja de bonito, una buena botella de vino tinto y buen pan de leña, ¡Uhmm! Que gozo.

Tras caminar un buen rato, te encuentras en el camino a un niño pequeño, de unos ocho años, os miráis y paráis uno en frente del otro. El pequeño parecía compungido y con cara de susto.

 —Señor, estoy perdido, ¿Me puede usted ayudar?—, preguntó el niño.

—A lo que contestas: — claro hijo. ¿Qué te ha pasado. ¿Cómo es que te has perdido? —, Iba caminando junto a mi padre, entonces me paré un momento a recoger una flor que había al lado del camino, y cuando levanté la cabeza ya no estaba— confesó.

—y ¿Cómo te llamas?—, Javier señor, pero todos me llaman Javi.

—¿Y dónde fué el lugar donde viste a tu papa por última vez Javi?

—Por este camino, hacia allá — contestó, señalando con la mano hacia el lugar de donde venía el rico olor a bonito a la parrilla, el cual cada vez impregnaba mas mi nariz y mi boca. Como es lógico tu piensas que vendrían de comer.

—¿Qué veníais del restaurante de donde viene ese delicioso olor?

—Javi, tras rascarse la cabeza contestó: —sí, hemos estado comiendo allí mi padre y yo.

—y que comisteis? —, preguntas.

—¡Buf!, comimos un pescado buenísimo, jugoso, todo carne dorada por fuera y rosada por dentro. Y tenía por encima unos ajos que lo hacían todavía más apetitoso. Y el pan ni le cuento, recién horneado crujiente y delicioso.

—¡Bonito! —exclamas.

—-Sí señor, nunca lo había comido antes pero estaba buenísimo, y súper jugoso. De lo que no me comí mucho fue de la ensalada, porque no me gusta el tomate, pero a mi padre le encantó y se la comió toda, dijo que estaba fresca y también muy bien aliñada.

Tú ya estás que se te cae la baba y un sudor arroya por tu frente, incluso se te estremece el estómago tanto, que se te dobla la espalda del hambre que tienes.

-—Señor —murmura el niño—- me podría acompañar a ver si encontramos a mi padre —, con un claro gesto de preocupación previa al lloro.

—¡Caro!— lo encontraremos en un momento, está aquí al lado el pueblo —- le dices entre sudores, babas y rugidos de tus tripas —. ¡Maldición!, todo me tiene que pasar a mí, ahora a buscar al padre—, te dices a mí mismo.

Al llegar al pueblo rápidamente ves un revuelo de gente y llantos de una señora, entonces el niño echa a correr gritando —-¡mamá, mamá, perdona!

—¡Hijo, estaba aterrada! ¿Dónde te metiste?— preguntó la madre.

—Me fui a dar una vuelta, me encontré con ese señor y me entretuve.

Tú te quedas perplejo, —pero niño—, me dijiste que te habías extraviado de tu padre, y que veníais de comer del restaurante.

—Perdone señor, pero me puse nervioso al verle y me lo inventé todo, además con lo del olor tan rico que decía usted que había por allí cerca, fue lo primero que se me ocurrió.

—Lo siento señor—, dijo compungido el niño.

La madre me dio las gracias y se disculpó por el incidente, no sin antes regañar al niño severamente, —Javier, que sea la última vez que haces esto, no puedes salir del pueblo solo, ya te has perdido más veces y además, estoy cansada de decirte que no se dicen mentiras.

—No se preocupe señora, son cosas de niños, todos éramos así a su edad—. Dices tú.

Antes de marcharte a punto de la inanición y con la boca seca como un estropajo, preguntas si queda muy lejos el restaurante parrilla del que venía aquel irresistible aroma, a lo que me contestó un viejo de los allí reunidos:

—-No sé a qué parrilla se refiere usted señor, pero que yo sepa en veinte kilómetros a la redonda no hay ni siquiera una gasolinera.

Tú en ese momento te empiezas a encontrar mal, e insistes.

—Pero cómo es posible, yo claramente olí a parrilla de bonito, es inconfundible.

Te giras y señalas con la mano la dirección de la que procedía el olor, pero cuando vuelves la cabeza hacia los congregados, ves que no hay nada, ni gente, ni niño ni pueblo, solo un páramo desierto, yermo.

Entonces te das cuenta que a pocos metros, en el medio de ese escenario, hay una anciana, con el pelo blanco como la nieve, ataviada con un antiguo mandilón, debajo falda oscura y camisa azul y un pañuelo blanco con costura en la cabeza. Estaba sentada en una hermoso y gran sillón orejero de cuero granate, con costuras color café y flecos por abajo. Entonces tú, sorprendido y atenazado por un intenso el miedo y vértigo te acercas a ella despacio, la miras y muy suavemente le preguntas —¿Señora, por favor, qué me está pasando, estoy aterrado, no entiendo nada?.

Ella te muestra una amplia sonrisa. Después, haciendo un sutil gesto con su ajada mano para que acerques tu cara a su boca, te susurra: —bonito, bonito. Bonito sueño.

En ese momento te incorporas de golpe y sufriendo una fuerte náusea, te vas al suelo.

Súbitamente, con un gran sobresalto, despiertas a la realidad, ¡Era un sueño!. Aún confuso ves que estas el la hamaca de la terraza, en casa de tu abuela, y escuchas a lo lejos su voz musical: —¡Venga Javi! A cenar, despiértate ya que el bonito está en la mesa y está buenísimo, es una pena que se enfríe.

¿Quién ahora se atrevería a decir, que los sueños no se pueden hacen realidad?.

Enlace musical para digerir mejor el relato pinchar  Aquí

Nota: Pido disculpas de los posibles defectos de puntuación y ortografía que haya podido cometer y no haya detectado, en esta y en anteriores publicaciones. Poco a poco intento mejorar. Por ello doy las gracias de antemano a mis sufridos lectores.

Maximenendez

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