Maquiavelo, te quedaste corto.

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Gijón, ayer a las 20:30

He venido leyendo desde hace bastante tiempo artículos recurrentes a la enorme contaminación que padecemos en la zona central de Asturias, donde se viven mas de 800.000 personas en un radio de menos de 30 kilómetros, equivalente una ciudad superior en población a Zaragoza o Valencia. Solo el triángulo Avilés, Gijón y Oviedo ya son más de 650.000. Con un intenso tráfico pesado y  de automóviles. Con dos grandes puertos, industria química, siderúrgica pesada y centrales térmicas.

 

Las minas asturianas se han cerrado casi en su totalidad, con argumentos como que la minería subterránea es muy compleja en relación al cielo abierto y por su puesto que la combustión de carbón contamina mucho y con el tiempo tendería a desaparecer.

Todo cierto ello; pero carbón se sigue quemando y a todo trapo, más barato seguro, pero se han perdido miles de puestos de trabajo, las pre-jubilaciones las pagamos todos pero el precio de la luz no ha bajado gracias a comprar materias primas mas baratas, sino que se ha incrementado para el consumidor particular y hasta para las empresas, que muchas ante tanta usura piensan muy seriamente irse a lugares menos podridos de irresponsables.

Por contra el oligopolio privado de las eléctricas gracias a corruptos sin escrúpulos que han usado y usan las “puertas giratorias” demuestran una falta de patriotismo y amor por sus ciudadanos de sonrojaría al mismísimo Maquiavelo.

Me hace gracia por decir algo, el desparpajo con el que se despachan algunos dirigentes y notables de nuestra querida Asturias y de superiores instancias también, con palabrería vacía en momentos como la ceremonia de entrega de los Premios Princesa, llenos de pompa banal y hueco ornato, ajenos, irreales. Casposa gente que se hacen rodear de mentes brillantes, engañadas quizá alguna por una nunca despreciada dosis de vanidad y otros, los más, llevados por su mejor buena fe.

Mientras tanto los ardientes crisoles, baterías y laminaciones, químicas y demás industrias, alimentadas por centrales eléctricas empachadas de mal carbón colombiano, expulsan todas ellas sin control, al aire que respiramos, nuestra enfermedad.

El gasto sanitario se dispara, pero para eso no hay dinero. Si no, ¿Qué iban a hacer los especuladores? De algún lado tiene que salir la plata.

¡No nos quieren! Perdón, sí nos quieren, pero muertos.

Y que el “indio” no se enfade, que hay cola para acoger su alquimia.

¿Mira tu que si marcha?, ¡Santo cielo, qué va a ser de nosotros!. (Otro día os contaré el chiste “¿…Y si se sale?”).

Nicolás se quedó corto, muy corto.

Si queréis ver algún enlace relacionado pinchar aquí ó aquí ó aquí

 

Maximenendez

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